Cambiar la dieta “fast food” por la dieta mediterránea evitaría 4.000 muertes en Canarias

El catedrático Lluis Serra explica que los canarios consumen en exceso papas, azúcares y bollería, así como lácteos y cereales refinados, pero pocas ensaladas, y realizan poca actividad física

Seguir una dieta mediterránea evitaría en Canarias hasta 4.000 infartos o ictus, 8.500 diabetes, 3.000 arteriopatías y 3.500 arrítmias en cinco años y en personas mayores de 55, algo que no lo consigue ningún medicamento y que se puede conseguir con alimentos propios del sistema alimentario tradicional de las islas.

Así lo ha afirmado Lluís Serra, catedrático de Medicina Preventiva de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y presidente de Nutrición sin Fronteras, que este martes ha intervenido en la Comisión de Sanidad para hablar de la importancia de una alimentación sana y equilibrada para preservar la salud.

Lluís Serra ha estudiado la alimentación y la nutrición en Canarias desde la perspectiva de la salud pública a lo largo de los últimos 24 años, y la primera encuesta que realizaron hace ya dos décadas concluía que en el archipiélago había una alimentación aceptable pero excesiva en algunos alimentos, como azúcares, bollería, papas o productos lácteos, y pocas ensaladas.

Este tipo de dieta dio lugar en la población canaria a unas cifras altas de colesterol, de obesidad y de diabetes, todo ello muy relacionado con la actividad física y con el nivel socioeconómico, es decir, la obesidad no afectaba por igual a toda la población, pues sobre todo afecta y está afectando a niveles socioeconómicos más desfavorecidos. Esto se debe a que estos niveles de la población son muy propensos a la comida ‘fast food’, una alimentación más económica, más densa calóricamente y que se acompaña normalmente con menor actividad física en las propias familias.

Tanto las mujeres adultas como las niñas canarias tienen cifras de obesidad mayor que el resto de CCAA. En este sentido, un estudio realizado en unas 100.000 mujeres embarazadas atendidas en el Hospital Materno Infantil de Gran Canaria a lo largo de los últimos veinte años confirmó que las cifras de obesidad en el primer trimestre han aumentado de forma exponencial, principalmente en los niveles socioeconómicos más bajos.Una dieta mediterránea evitaría hasta 4.000 infartos o ictus en Canarias

El catedrático insistió en que la obesidad es una enfermedad ligada a niveles socioeconomicos bajos, familias monoparentales, mayores tasas de pobreza y en núcleos familiares donde la mujer tiene una menor participación sociolaboral. Ante esta situación, Lluís Serra abogó por revertir este problema y bajar el peso medio de la población global mediante estrategias estacionales, aumentando el consumo de alimentos más sanos y limitando los más insanos mediante políticas educativas, alimentarias, de formación y promoción en aquellos colectivos más necesitados.

La obesidad es un tema de balance energético, un concepto que muchas veces se usa erróneamente por parte de la industria, puesto que cuando uno se come un donut, para compensar sus 300 calorías habría que andar 100 minutos. “Por tanto, el balance energético es cierto hasta cierto punto en poblaciones muy activas, pero no en poblaciones tan sedentarias como la canaria, en la cual la actividad física representa solo de 300 a 500 kilocalorías de gasto energético diario“, apuntó el experto.

 

FUENTE: Europa Press

PILARES DE LA ALIMENTACIÓN

Los pilares de la sostenibilidad de la alimentación son básicamente cuatros: la salud, la economía, la biodiversidad y el medio ambiente. En cuanto a la salud, un estudio realizado entre 7.500 personas de entre 55 y 75 años, algunos de ellos canarios, permitió confirmar los beneficios de la dieta mediterránea tradicional. Divididos en tres grupos, uno recibió aceite de oliva virgen extra; el otro, frutos secos, y el tercero tenía que reducir las grasas de su alimentación (aceite, pescados grados, frituras) y aumentar los hidratos de carbono complejos.

Al cabo de cinco años de seguimiento, los dos primeros grupos redujeron un 30% la morbimortalidad sólo con dieta mediterránea; disminuyó la incidencia de la fibrilación auricular; la arteriopatía periférica se redujo un 68%; el cáncer de mama descendió un 62% en el grupo que consumió aceite de oliva, y la depresión bajó un 40% en el grupo que sumó a su dieta los frutos secos.

La alimentación también forma parte del paisaje, de los cultivos y de las recetas, e implica un modelo alimentario en el cual no sólo cuentan los alimentos, sino cómo se producen, distribuyen, procesan y consumen. Todo esto es lo que se llama la biodiversidad como elemento de cultura, detrás de la cual está, por ejemplo, el sabor de los alimentos. Según Lluís Serra, “en la medida que consigamos alimentos sabrosos, la percepción y el consumo mejora, sobre todo en los niños“. También abogó por promover el consumo del pescado canario, frente a pescados de río que vienen congelados de Vietnam como el panga, y por recuperar otros productos autóctonos que se han perdido, como los garbanzos negros, que ya producían los aborígenes canarios hace 2.000 años.

En cuanto al pilar económico, el catedrático expuso que la mala calidad de la cesta de la compra a veces obedece a un poder adquisitivo bajo, pero otras veces al conocimiento. A este respecto, señaló que cuando la gente dice que el aceite de oliva es muy caro, no sabe que tan solo representa el 2% del presupuesto familiar en alimentación de una familia canaria y, sin embargo, le proporciona entre el 10 y el 20% de las calorías que necesitan. Añadió que el desperdicio es otro tema importante, pues cada día se tira un 30% de comida a la basura.

El último pilar es el medio ambiente y la producción de alimentos. Así, Lluís Serra resaltó que si los españoles fueran capaces de abrazar la dieta mediterránea tradicional, disminuirían las emisiones de gases con efecto invernadero un 72%, el uso de tierra agrícola un 58%; el consumo de energía, un 52%, y el consumo de agua, un 33%.

Por todo ello, Serra propone extender al resto de las islas el proyecto ‘La isla en tu plato’, surgido en Gran Canaria, donde se han identificado los alimentos tradicionales que constituyen la alimentación canaria: aceite de oliva, vinos, trigos, papas, pescados, mojos, carne, frutas, hortalizas, huevos, gofio, azúcar y hasta café. “Todos los alimentos de la cesta mediterránea se producen en el sistema tradicional canario, por lo que tenemos que establecer este vínculo entre el sistema tradicional canario, por lo que tenemos que establecer este vínculo entre el sistema productivo y el sistema sanitario“, remarco. “Canarias necesita una política alimentaria firme y decidida que impulse y coordine un conjunto de acciones desde las distintas administraciones a favor de un modelo alimentario sano, solidario, soberano y sostenible“, concluyó el experto.