Quién nos iba a decir que a nuestro bar, el de toda la vida, le iba a salir un contrincante.

Ha tenido que celebrarse un Mundial de Fútbol, con todo lo que conlleva, para que se estrenase una nueva modalidad de revisar las jugadas dudosas y no tan dudosas, pero que pueden influir en el resultado.

El bar de siempre brilla con luz propia, ya que ha sido punto de reunión de mucha gente a diario. Lugar donde se comparte con los amigos, alguna bebida y un cacho pan con queso para empujar, al mismo tiempo que se cuentan experiencias o simplemente cómo se desarrolló el día laboral. A la hora de la verdad parece ser un desahogo, un momento de relax, como dicen los mayores, el descanso del guerrero y por supuesto, el dueño encantado. Se trata de una clientela fija, considerada fiel, que de no asistir es para preocuparse. Salga el sol por donde salga, los clientes acuden, de lo contrario se les pone falta y se les recrimina en la primera aparición después de la misma. Las ronditas son frecuentes, se invitan unos a otros y al final casi todos beben lo mismo.

Pero claro, si todo coincide con un acontecimiento deportivo, el televisor, hoy también llamado plasma, es imprescindible. Hasta ahora los técnicos eran los propios clientes pero ahora ha nacido el Var. Consiste en una serie de señores dentro de un cuarto con muchos monitores, repitiendo la jugada desde diferentes planos y con la ayuda de las nuevas tecnologías.

En el bar tradicional se multiplican los comentarios, más todavía durante el tiempo en que se toman las decisiones. Las máquinas las hace el hombre, éste se equivoca y por lo tanto el margen de error, aunque reducido, existe. En conjunto se llega a muchas conclusiones y se aprecia el más mínimo detalle.

Al final juegan once contra once, unos jugadores cobran más que otros, el ego subido de más de uno que no soporta no ser protagonista. Los que pensaban ganar sin bajarse del autobús y los que con algún que otro prejubilado en sus filas, pensaban que bastaba por su experiencia. Los que simulan las faltas, revolcándose por el suelo, puro teatro. Los aficionados aseados y educados que dejan todo limpio y recogido.

Lo mejor, ver cómo llegan lejos, selecciones en teoría inferiores, así como las que después de sufrir una guerra, se levantan y tocan el cielo.

Bernardo Lozano Acuña

Bernardo Lozano Acuña

Escritor

Escritor, Conferenciante y Columnista de La Opinión de Tenerife