Los cócteles son un símbolo de la mercadotecnia, cada uno posee características únicas que buscan la competencia frente a los demás: el cóctel adopta la personalidad del consumidor y el consumidor adopta la del cóctel. Haciendo a un lado los géneros, nunca será lo mismo alguien que elige un margarita en un bar, a la que pide un bloody Mary o alguien que pide un martini “agitado, no revuelto” como prefería James Bond.

Pero hablar de los cócteles, un asunto que podría sonar anticuado y fuera de contexto, no es un asunto gratuito. Para una persona que no es asidua a beber alcohol podría resultar ajeno un análisis que tenga que ver con la coctelería, pero alguien amante de la buena mesa y los mejores tragos no podrá desmentir que los cócteles se encuentran viviendo un interesante boom a nivel mundial. Los bartenders de todo el mundo son testigos y protagonistas de una moda in crescendo por los tragos preparados, entre más coloridos, vistosos y escandalosos en boca, mejor.

No sería un error afirmar que cada cóctel es un producto y por lo tanto es posible hacer un análisis mercadológico del mercado de la coctelería. Cada cóctel compite con los demás y busca posicionarse frente a su competencia y para ello hace uso de los recursos de la mercadotecnia sensorial, la parte del marketing que busca que las marcas ofrezcan a sus consumidores una experiencia sensorial difícil de olvidar para el público objetivo.

Cada cóctel está diseñado para lograr una atracción con los cinco sentidos. El más fácil de explotar, por supuesto, es el sentido de la vista: un cosmopolitan de color rosado intenso tiene más posibilidades de atraer la vista de cualquier consumidor, que un mojito que es transparente con un poco de color verde. Unos hielos haciendo su característico sonido al chocar con el cristal del vaso puede ser algo irresistible para quienes gustan de los tragos en vaso corto o simplemente de bebidas on the rocks.

El gusto y el olfato, los dos sentidos que mayormente se pretende satisfacer al beber un buen cóctel, son los responsables de que el bebedor conserve su preferencia por tal o cual mezcla. El olfato es el sentido más memorable, el que más recuerdos y emociones despierta en el consumidor, por lo que cada vez que un fanático de las bebidas vuelve a oler el aroma de su bebida favorita, se remonta a la primera vez que la probó.

Y es que a pesar de las eternas advertencias de que el alcohol es dañino y destructivo, la realidad es que a la humanidad no se le ve ni un ápice de intención por renunciar a las mágicas mezclas preparadas con tequila, whisky, vodka, ron o a cualquier bebida que aporte al cuerpo una relajación necesaria.

Hablar de tragos es hablar de modas. Los barmans saben que tal o cual trago cobra un interés en los bebedores que puede durar pocos meses o hasta años.

Por lo tanto la Coctelería podemos decir que es una ciencia que nunca se termina de experimentar y explorar.

Jesús Hernández Arteaga

Jesús Hernández Arteaga

Técnico Superior en Restauración

Profesor de Servicios de Restauración en el IES Jandía, Fuerteventura. Profesor  Técnico de Formación Profesional, Consejería de Educación del Gobierno de Canarias.