En la actualidad, hay que ver lo que ha evolucionado el mundo de la restauración, pero como en todo, en unos casos mejor que en otros.

Hoy, todo el mundo cocina, profesionales del sector junto con los aficionados, éstos últimos con voz y voto. La publicidad con el boca a boca a la cabeza, puede cambiar todo en poco tiempo, y pasar de estar en la cumbre a poner los pies en la tierra con el posible tortazo, en forma de consecuencias, que ello conlleva.

En la actualidad todo se clasifica con sus ventajas y desventajas, sabiendo todo el mundo quién es quién es este mundo, sobre todo por su trabajo y esfuerzo día a día. El problema puede ser pensar, pasando del qué hacemos de comer hoy, a tener muchas posibilidades.

El cocinero debe de tener criterio propio y fusionar sus secretos con el buen hacer. No hay que guardarse nada ya que dos cocineros con los mismos ingredientes, nunca van a realizar el mismo plato, por ejemplo una simple tortilla, donde sin duda impera el punto de cocina. Lo complicado es pensar, desarrollar y ejecutar de forma correcta, en contra de lo verdaderamente fácil, mezclar junto con prisas incorporadas, éstas últimas siempre malas consejeras. El esfuerzo tiene su recompensa y no intentar resolver la papeleta en el menor espacio de tiempo, cosa que a la larga, no se produce.

Importantísimo es saber jugar con los fuegos para obtener el resultado deseado. La limpieza es vital, una obligación, junto con la transparencia en todo momento. De todo, hay que sacar lo bueno, principalmente lo adecuado para la salud. Siempre se ha dicho que todo exceso es malo y por lo tanto no se debe abusar de consumir algo determinado. Los fritos, las conservas, los congelados, las carnes, los pescados, las verduras, todo debidamente conjugado, seguro que es un abanico de alimentación saludable. Con las bebidas ocurre lo mismo y vamos desde el agua, pasando por los zumos de frutas hasta la más insospechada, que casualmente aporta algo positivo.

El sentido común impera y siempre se ha dicho que con aceite, papas y huevos, nadie se muere de hambre. Hay que apreciar los distintos sabores, cada elaboración nos transporta a un determinado pueblo y sus costumbres. En fin, los viejos libros de cocina, escritos con amor, de puño y letra, con sus secretos inmersos, son auténticas joyas en nuestras manos.

Con ellos empezó todo.

Bernardo Lozano Acuña

Bernardo Lozano Acuña

Escritor

Escritor, Conferenciante y Columnista de La Opinión de Tenerife