Para cada cóctel se pueden inventar infinitas variantes personales que tendrán mayor éxito si se presentan con gusto y fantasía.

La buena presentación de un Irish Coffee o de un Pousse-Café depende de la experiencia y de la seguridad de los gestos del barman. La coctelera por ejemplo, puede ejercer una particular fascinación, pero debe ser utilizada oportunamente y sin exageraciones.

El momento de la “agitación” atrae siempre la atención sobre el barman; el tintineo rimado y armonioso del hielo centra las miradas de todos, como si anticipara el sabor y el perfume de las exquisiteces que se van a saborear; tres o cuatro golpes decididos, luego otros seis o siete más lentos, agitando siempre la coctelera con movimientos diagonales de abajo hacia arriba y girando a medias la coctelera para que el contenido pueda mezclarse a la perfección, lo que tiene lugar durante una pausa.

Un detalle que no debe olvidarse es que en verano los movimientos se efectúan durante un espacio de tiempo más prolongado para que el hielo pueda disolverse y enfriar internamente la bebida, mientras en invierno serán más secos y breves.

Si se tropieza con alguna dificultad para abrir la coctelera y distribuir el contenido, será suficiente un golpe ligero sobre el punto de unión de las dos partes. Hay que prestar atención a no llenar las copas una tras otra, hay que distribuir pequeñas cantidades en cada una hasta que todo el contenido esté repartido equitativamente.

Pero si todo esto se realiza sin una sonrisa hacia el cliente, no sirve absolutamente de nada saberse mil cócteles, si el cliente no se siente a gusto con nosotros…

Una sonrisa de un barman vale más que cientos de recetas memorizadas …

Jesús Hernández Arteaga

Jesús Hernández Arteaga

Técnico Superior en Restauración

Profesor de Servicios de Restauración en el IES Jandía, Fuerteventura. Profesor  Técnico de Formación Profesional, Consejería de Educación del Gobierno de Canarias.