Ni la subida de temperaturas ni el calendario anuncia a los extremeños que ha llegado la primavera, porque más bien lo hace ese manto floral de los cerezos que inunda todo el paisaje de un blanco delicioso.

Ese es el punto de partida de la época de las cerezas, de las que hay miles, aunque conviene saber que todas las picotas son cerezas, pero no todas las cerezas son picotas. Esta última es más pequeña, sabrosa y presenta menos acidez, tiene una carne más tersa y firme, que cruje al morderla, y su color se acerca más al granate avinado que al rojo.

Otro rasgo que la diferencia es que no tiene rabillo o pedúnculo porque se queda en el árbol durante la recolección. Todo esto redondea una autenticidad que la hace poseedora de una Denominación de Origen Protegida desde 1996.

Este sello, que certifica a las empresas productoras, garantiza su calidad y ampara todas las variedades de la picota autóctona del Jerte y de La Vera.

Las más valoradas son la pico negro y la ambrunés, más dulces que las llamadas pico limón y pico colorado.

Apunte nutricional

Como otros frutos rojos, la picota contiene fitoquímicos (que actúan como antioxidantes), por lo que frena el envejecimiento, favorece la eliminación de toxinas y ayuda a mantener una buena salud cardiovascular. También es diurética y tiene ocho vitaminas, potasio, calcio, sodio y magnesio.