Cóctel, palabra extraña impregnada de misterio y fascinación … Mucho se ha hablado sobre su origen, sus secretos o el por qué de su éxito. 

La coctelería conoció una difusión extraordinaria tras la segunda guerra mundial, gracias a la presencia cada vez mayor de la cultura norteamericana que, como antes la francesa, impuesta por las tropas victoriosas de Napoleón, vino a revolucionar tradiciones y usos sociales. 

Y todo gracias a los bármanes, esa multitud de especialistas que, además de conocer todos los secretos de la combinación, saben responder a esa chispa mágica y fugaz de inspiración que, en un instante imposible de predecir, abre el camino a una bebida nueva, vigorosa y estimulante; a una combinación en que la fantasía, el capricho, la personalidad y la experiencia sintonizan con el deseo de ese bebedor exigente de Manhattan, Vía Véneto o la Costa Azul, cualquier parte del mundo… 

Es un rito que se repite casi mecánicamente, pero siempre con pasión, en los bares, restaurantes, hoteles, cruceros más prestigiosos del mundo …

Pero, ¿qué es un cóctel? El periódico estadounidense The Balance, en un lejano número de mayo de 1806, daba esta definición: “Un cóctel es una mezcla estimulante compuesta de varios licores y aguardientes con diferentes propiedades y aromatizada con amargos y esencias que en un conjunto dan lugar a una bebida de cualidades excepcionales“. 

Desde Noé, el vino y las bebidas alcohólicas acompañan al hombre en su andadura, para bien y para mal, cuando la fortuna le sonríe y cuando vuelve la espalda. El hombre primitivo volvió los ojos hacia el alcohol y hacia los zumos de frutas, ayudado por la suerte, consiguió fermentar mostos, almidones y otras sustancias, con la ilusión de hallar un estímulo que animase su existencia. 

La historia del cóctel está relacionada a algunas figuras características como la de Ernest Hemingway, escritor que gustaba apurar la vida con un vaso de buen vino o una de las combinaciones del Harry’s Bar de Venecia, símbolos de alegría espontánea compartida con amigos ilustres, escritores, artistas, políticos, donde lo único que se quería era encontrarse, conversar, discutir temas de actualidad … Época en que se apreciaba la vida tranquila y en la que se pasaba mucho tiempo en compañía de uno mismo y de los demás, delante de un buen cóctel estimulante de la convivencia. 

Vermuts rojo, blanco y seco, bitter, ginebra, whisky, brandy, aguardiente, coñac, ron, algún amargo, angostura, zumos de frutas …, en sus diferentes combinaciones con mucho hielo, servirá para romper el hielo en las fiestas, acompañará la conversación y facilitará el contacto y el intercambio amistoso con otras personas. 

El mundo del cóctel es pues viejo y nuevo a la vez, un mundo variado y a veces exótico, lleno de colorido, en el que todo el mundo es acogido con simpatía y amistad. 

Jesús Hernández Arteaga

Jesús Hernández Arteaga

Técnico Superior en Restauración

Profesor de Servicios de Restauración en el IES Jandía, Fuerteventura. Profesor  Técnico de Formación Profesional, Consejería de Educación del Gobierno de Canarias.