Conocer de dónde vienen los alimentos que nos llevamos a la boca es una demanda que día a día va en aumento. Los consumidores en su derecho por conocer cuál es el origen del alimento que consumen exigen saber de dónde viene el mejillón que se oferta en la pescadería, el chuletón de la carnicería o el vino que se pide en el restaurante. Incluso normativas europeas exigen desde hace años un correcto etiquetado sobre el origen no únicamente en el paso del productor al intermediario, sino en último escalón de cara al consumidor final.

Cuando nos vamos de cena en ya numerosos restaurantes nos encontramos en carta descripciones de platos que hacen referencia al origen de ciertos productos como los tomates de la finca tal, batatas de cierta zona de Lanzarote, o cochino negro de alguna isla. Más descriptivo se torna cuando nos disponemos a elegir el vino, normalmente nos encontramos en carta no sólo el nombre del vino en cuestión, sino la denominación de origen, el tipo de uva e incluso a veces hasta una pequeña nota de cata. En todos los casos valoramos positivamente la información extra que recibimos ensalzando valores como ecológico, artesano o no industrial. Entonces, ¿por qué el queso no goza de igual oportunidad?.

Aunque ya muchos tratan al queso canario artesano como se merece, otros ofrecen en su carta la solitaria y casi anodina descripción “tabla de quesos” sin tener los benévolos descriptores que tiene el vino. El queso es, según siempre mi opinión y la de, sólo, todos los queseros artesanos con los que trabajo, un producto que ha sido muy castigado y poco valorado en la industria hostelera. No le vale con ser uno de los productos más rentables en carta, y la carencia de información es abundante.

Debemos dar, tanto el consumidor como el hostelero, una oportunidad a un producto muy arraigado a nuestra cultura. Por parte del hostelero, una descripción de una tabla de quesos indicando el origen, el tipo de leche (cruda/pasteurizada) o el nombre del quesero bastarán para hacer justicia a un productor que trabaja para hacer valer su marca y su producto. Por parte del consumidor el interés por conocer si el queso es artesano o cuál es la quesería que lo elabora será en muchos casos suficiente para poder tener criterio para valorar y apreciar el plato en cuestión.

Dentro de un pensamiento utópico o no, donde a mi entender el queso artesano canario es un producto que no recibe el reconocimiento que tendría que tener, no querría compararme con Francia. No obstante Canarias es la región española donde más queso se consume y por tanto debería ser la región donde mejor se tratase a este producto.

Demos una oportunidad al queso canario artesano y pongamos a este producto donde se merece. Al fin y al cabo es consecuencia de años de tradición, es cultura viva de nuestras islas.

Vicente Martín

Vicente Martín

Queso Project

Doctor en Ciencias dejó su trabajo de investigador en un hospital de Londres para volver a Canarias y cumplir uno de sus sueños. Junto con Ana García, ingeniera agrónoma, pusieron en marcha Queso Project, un espacio de fomento, venta y distribución responsable de queso canario artesano.