En dos barricas de castaño duerme el sueño de un pueblo, las raíces y las ganas de ponerle cordura a un mundo absurdo.

Tiene mucho sentido recuperar lo que fuimos y es un alarde de valentía que merece ser reseñado. En la era de los hastaghs un pueblo bucea en su pasado y encuentra en las redes de información el mecanismo para llegar a los corazones de los enolovers y al mío le ha disparado de lleno.

Alfredo Maestro, ese hacedor de vinos singular y curtido en las lides de la comunicación, empezó a postear pequeños vídeos en los que se veía un antiquísimo lagar que iba a producir un vino como hacía cien años, ¿qué era aquello? ¿dónde está Moradillo de Roa? Pues resulta ser que está en Burgos, en el límite con la D.O. Ribera de Duero y lindando con Segovia, a la que en un tiempo le vendía uva.

Y yo que me he hecho muy fan vaya, esperando durante toda la fiesta de la vendimia el vídeo nuevo, al pueblo entrando cajas, al becario pisando la uva, a Alfredo orientando la bomba, vamos, que ya era yo una más entre las camisetas y pañuelos violetas de una celebración de la remembranza y capítulo tras capítulo me llené de la ilusión de un pequeño municipio que estaba dotando de nueva vida a edificaciones que parecían sacadas de un cuento que hablara de vino.

Había que saber más de ésto. Se llama Nacho, es el concejal de cultura y su voz suena cercana y afable, entre el asombro y la responsabilidad que conlleva ver que un sueño se está realizando y que su repercusión es mayor de la esperada, tienen las botellas del vino de Moradillo ya muchos pretendientes. Irán acompañadas de un CD que contará la historia de la recuperación del uso de un lagar centenario para producir el vino cómo lo hicieran sus antepasados y no es más que la punta del iceberg de la ilusión de un concejal que no quería pasarse cuatro años ocupando un cargo en el ayuntamiento sin hacer algo bueno por su pueblo.

El albillo no está autorizado en los lares dónde la tempranillo reina, llegó un momento en que sin ser arrancadas, las cepas lucían los amortajados racimos al acabar la temporada sin ser vendimiados. Decenas de bodegas subterráneas habitan las calles y algunos lagares , un patrimonio que ya está hecho, un bien histórico y natural que no debe perderse porque ya existe. Rehabilitar y habilitar como museos las bodegas y dotar a este valor incalculable de una ordenanza municipal que lo proteja son las principales metas de este sueño en Moradillo.

Portátil en mano Nacho fue de casa en casa por el pueblo respaldado por su consistorio, ya de por sí, cosa insólita… y prácticamente toda la población entró a formar parte de la ilusión de este amante del vino y de su tierra.

El día de la entrada de uva al lagar no dieron a basto, todo el mundo se acercaba con dos cajas, cinco, siete…todos querían ser parte de aquella hermosa locura que daba razón a las lágrimas de muchos ancianos que vieron renacer sus costumbres y las de sus padres y abuelos. Se volvió a pisar albillo en el largar, se volvió a oler a mosto en Moradillo, una parte de él descansa en la bodega de Alfredo Maestro, junto a Marcianos, Lovoamores, Amandas y él nos hace un recorte casi diario de cómo duerme el chiquillo y que progresa adecuadamente.

Algún día al amparo de las bodegas recuperadas, habrá alojamiento, habrá restauración, habrá gente que no se vaya del pueblo, habrá como siempre en torno al vino, mucha, mucha vida y mucho trending topic, recuerda, #muyfandemoradilloderoa.

Sara González Martín

Sara González Martín

Sumiller y T. Superior en Enología y Maridaje

Sumiller, Técnico Superior en Enología, Maridaje, Comercio y Marketing así como Docente de Sumillería de HECANSA en la Escuela Superior de Hostelería y Turismo de Santa Brígida en Gran Canaria.