El cultivo de la vid en la isla de El Hierro se inició en el año 1526, una vez establecidos los primeros colonos procedentes de Portugal y de Castilla, e ir acogiendo paulatinamente la isla del meridiano a individuos de otras nacionalidades y procedencias como franceses, genoveses y centroeuropeos.

La Historia nos muestra un periodo esplendoroso del desarrollo vitivinícola en El Hierro a lo largo de la segunda mitad del siglo XVII, exportándose su vino a la isla de Gran Canaria que demandaba en especial, el vino conocido como vidueño, obtenido de la mezcla de todas las variedades excepción hecha de la Malvasía, adquiriendo éxito y relevancia muy importante para la economía de El Hierro.

Durante los siglos venideros, la superficie de cultivo aumenta considerablemente. Se inicia el cultivo en las partes altas de la isla, debido a varias razones: por imperativo legal de las autoridades que obligaban a dejar los valles y zonas más fértiles para el cereal y pastos, alimentos éstos para la población y el ganado; además, porque a mayor altitud, se prolonga el ciclo vegetativo lo que alarga la maduración de la uva, siendo ésta más lenta y confiriendo, en consecuencia, mayores valores bioquímicos como la graduación alcohólica y la acidez total del vino, que aportan al vino de El Hierro una mayor estructura y una mejor conservación que a los de otras islas. En las zonas más bajas y más orientadas al sur, se establecen variedades que permiten su consumo en fresco como fruta de temporada, elaborandose el vino con la uva restante.

El cultivo del viñedo evoluciona a lo largo de la Historia pasando de estas épocas florecientes a etapas de bajo rendimiento y escasos beneficios, aunque cuando se produce la gran transformación es en el momento en que se pone en marcha el Consejo Regulador de la Denominación de Origen, por Orden de la Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias fechada el 27 de Abril de 1994.

Desde los primeros cultivos de la misma a mediados del siglo XVI, la tradición familiar de cultivar la viña todavía se mantiene y perdura en El Hierro con esmero. La propiedad de los cultivos está dividida en pequeñas parcelas, de manera que casi todos los herreños poseen algún terreno para obtener su propio caldo y no hay tasca, taberna, bodega o cantina donde la consumición más solicitada no sea un cuartito de vino de pata“.

La producción de uva para vino con Denominación de Origen, que abarca toda la isla, procede de unas 208 hectáreas de viñedo censado. La mayoría de las plantaciones se hallan a poca altitud sobre el nivel del mar, entre 200 y 700 metros, en terrenos muy abruptos, de pronunciadas pendientes, en muchas ocasiones abancalados y que se puede considerar de “Viticultura heroica”, lo que determina unas maduraciones muy rápidas.

La mayoría de los suelos son de tipo arenoso, y el viñedo se extiende en los valles y algunas laderas de los montes, siendo las zonas productoras más importantes el Valle de El Golfo con orientación norte; El Pinar, donde además de haberse introducido los nuevos sistemas de conducción, las vides están a mayor altitud, con orientación sureste y sometidas a la acción de los vientos, haciendo que los cultivos de secano sean más modernos, disgregados en terrazas y alineados en espaldera lo que facilita la mecanización; Sabinosa y por último, Echedo.

Entre las variedades blancas cultivadas en la isla predomina la Vijariego, llamada aquí Verijadiego Blanca, pero además se encuentran las variedades Listán Blanco, Pedro Jiménez, Baboso y Gual. Otra uva blanca que destaca por la singularidad de sus aromas, que recuerdan a las finas hierbas del monte, es la Bermejuelo. Entre las tintas, se recogen la Listán Negro, Negramoll, Baboso Negro, Vijariego Negro y Tintilla. 
En lo que respecta a las elaboraciones, cabe destacar los interesantes vinos monovarietales que se están potenciando en la isla. Las distintas variedades de uva, sobre todo las antiguas cepas de Baboso Negro, el Verijadiego, el Negramoll o la más extendida, el Listán Blanco, se han adaptado al suelo volcánico y las condiciones ambientales.

Con cariño a Cayo Armas Benítez.

Alfonso López Torres

Alfonso López Torres

Hasta julio de 2015 fue Director General del Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria (ICCA) en el Gobierno de Canarias. Articulista en numerosos medios de comunicación del Archipiélago, tanto digitales como escritos, siendo colaborador fijo de El Día y La Opinión de Tenerife y de diversos blogs, así como también participa y colabora en numerosos medios radiofónicos, en tertulias y espacios de opinión.

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