Escritores y personajes, y viceversa, recrearon ficciones o hechos reales de cada época en la que nunca faltaron condimentos culinarios que, al igual que los tintes de intriga o erotismo, aportaban oportunos aderezos a las tramas.

Algunos autores se dedicaron con pasión a introducir la gastronomía como factor cotidiano del devenir humano; en otros casos, si no con tanto ahínco, tampoco se renunciaba a algún refrigerio o vaso de vino en la taberna de turno.

Hay que beber para recordar y comer para olvidar“. Frase lapidaria donde las haya de Pepe Carvalho, mítico personaje del escritor Manuel Vázquez Montalbán, insigne gourmet fallecido en 2003, que muy bien puede responder al arquetipo de entendido de la gastronomía, exactamente definido en una de los libros de la serie: “El detective nunca dejó de ser un plebeyo que bebe muy bien el Chablís (vino francés)”.

El caso del escritor, poeta, periodista y gastrónomo, inseparable del personaje que le dio más fama, ha sido uno de los más evidentes de la maestría al imbricar la pasión gastronómica con el género de la novela negra y policíaca.

Pero hay que remontarse a 1799-1850, para dar con uno de los escritores que, a lo largo de la historia de la literatura, dieron suma importancia a lo que comían y bebían sus personajes. Honoré Balzac. No hay novela en la que no aparecieran sentados a la mesa, dando buena cuenta de viandas del que el autor da detalles suculentos.

Como virtuoso dentro del mundo de la cocina y su interés por la comida, casi enciclopédico, concitó la atención de Fernand Lacre, comentarista de la época que extrajo de entre sus obras una larguísima lista de restaurantes e hizo con ella una guía que catalogó con estrellas (según los valoraba el propio Honoré). Una especie de precursora de la Guía Michelín “a lo Balzac”.

Suya también es una frase cargada de principios. “El glotón es el sujeto menos estimable de la gastronomía, porque ignora su principio elemental: ¡El arte sublime de masticar!

Shakespeare

Nunca está de más refrescar los elogios a los vinos de Canarias de unos de los grandes de la literatura universal, Sir William Shakespeare (1564-1616), particularmente a través de sus personajes y descripciones literarias, de forma primordial Falstaff, a quien denomina “la barrica de Canarias“.

También las de Sir Walter Scott en su obra “Ivanhoe“. En la obra de Shakespeare, “Enrique IV” Mistress Quickly (la Celestina Inglesa) pregunta a Doll Tearsheet. “Por mi fe que habéis bebido demasiado vino canario. Es un vino maravillosamente penetrante y que perfuma la sangre antes de que se pueda decir: ¿qué es esto?”.

Ni que decir tiene que “El Quijote” de Cervantes, patrimonio literario de la Humanidad, concede a las viandas y los condumios una relevancia que destila, sobre todo, el apetito de Sancho, que muchas veces hace gala del ávido comensal que es cuando la ocasión así se le presenta.

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Ya en el Siglo de Oro de las Letras, los escritores señeros de la época utilizaban muchas veces la comida como gran protagonista de las comedias, incluyendo recetas en sus textos, lo que ratifica su importancia en la vida cotidiana. Y más cercano tenemos a un respetado Álvaro Cunqueiro, aparte del mencionado Vázquez Montalbán, que fue uno de los adelantados a su tiempo no sólo en la crítica gastronómica sino en la información y divulgación de todas las facetas del comer y el beber.

Francisco Belín

Francisco Belín

Periodista

Periodista y escritor, coordinador de Gastronomía durante casi tres décadas del Grupo El Día. Actualmente lleva diversos cometidos de comunicación gastronómica específicos tanto en Canarias como en tierras peninsulares. Es también miembro de la Real Academia de Gastronomía emplazada en Tenerife.