Ni la recuperación de las variedades autóctonas, ni la incorporación de las largamente aclimatadas, ni cruce genético que valga. La variedad de vitis vinífera que está en la cresta de la ola es la digital. Y es que estamos asistiendo al espectáculo sin precedentes y muy ilustrativo, de que siendo como es tiempo de vendimia, viticultores a lo ancho y largo del país y el vecino Portugal, están posteando en redes sociales sus excelsos racimos, bellos, turgentes y a punto de caramelo con sus nombres, procedencia, terruño de origen e incluso nos orientan acerca del tamaño de las bayas en beneficio de nuestro saber, comparándolas por ejemplo con monedas de veinte céntimos.

Es ésta una galería hermosa y artística, incluso de variedades desconocidas por la mayoría, que se toma la pantalla de tu móvil u ordenador y te recuerda, que la era de lo visual ha llegado para quedarse también entre las parras.

Harvest moments a la luz de la luna, amigos infundiéndose ánimo para el gran cansancio de estas fechas e incluso intercambio de consejos no poco útiles, como las ya archiconocidas culebras de juguete made in China que el gran Alfredo Maestro ha tenido a bien poner en conocimiento de todos sus compañeros de laburo, como el más eficaz medio para espantar pájaros golosos que se meriendan los racimos antes que la tijera, y no está la cosa para permitir bajas. Así que productores de medio país están recolectando reptiles de plástico en una ruta de todoacienes que como los chinos se percaten, le pegan un par de euros para arriba a la serpiente fluorescente que verás tú.

En definitiva, píxeles que nos están regalando bellísimas imágenes en tiempo real de emparrados y sistemas de conducción ancestrales y hermosos, de otras temperaturas e iguales cajas, de mostos bullendo y burbujeando y vídeos de un minuto de bazuqueos manuales o remontados mecánicos, así como de mediciones de azúcar y acidez de los que aún esperarán una o dos semanas más para meterse en faena.

Nos ilustran nuestros viticultores gracias a las nuevas tecnologías del gran trabajo que se esconde detrás de una botella, sus miedos, sus esperanzas, sus largas horas de trabajo y nos muestran sus uvas como padres orgullosos, pues son el resultado del esfuerzo depositado en sus viñas durante todo el año.

Como cada uno vive sus pasiones, yo repaso este muestrario de uvas digitalizadas que hay incluso quien propone ya concurso y otros cansados de lo mismo, nos regalan sus momentos de descanso y avituallamiento, por cierto ni uno malo. Botas embarradas, forros polares, tijeras y cajas en fila nos hablan de la dedicación y las ganas de conseguir un resultado final acorde a las expectativas ajenas y propias. Depósitos, fudres, barricas o tinajas acogen los nuevos mostos mientras prensas mecánicas, neumáticas y pies trabajan a pleno rendimiento y es que aunque sea la época de más trabajo del año, a ellos les pone y que viva la fiesta de la cosecha.

Instagram es la herramienta más elegida, que con o sin filtro, nos colma con fotos de toda esta labor, nos acerca a los territorios y sus uvas, sus modos y realidades y yo lo celebro, me parece fantástico utilizar un nuevo lenguaje para hablar de la misma pasión de hace siglos, creo, que muy lejos de robarle romanticismo, la era digital construye un nuevo camino muy transitable gracias a todos los profesionales del vino que en su agenda incluyen al gran público, permitiéndonos acompañarles en la aventura de la vendimia mientras sus bellas uvas reciben sin sonrojo decenas de #likes y así son también,un poquito nuestras.

Sara González Martín

Sara González Martín

Sumiller y T. Superior en Enología y Maridaje

Sumiller, Técnico Superior en Enología, Maridaje, Comercio y Marketing así como Docente de Sumillería de HECANSA en la Escuela Superior de Hostelería y Turismo de Santa Brígida en Gran Canaria.